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La Navidad y la imaginación de los niños según la pedagogía Montessori

por Elvira Sáez Creado en 17 de diciembre de 2019
© Unsplash

Se aproximan fechas muy especiales para vivir en familia y dentro de toda esta vorágine en la que entramos, sí o sí, por las costumbres sociales puede ser que en ningún momento nos paremos a reflexionar sobre cómo funciona la imaginación en los niños, ¿o sí?

Artículo elaborado por Miriam Escacena, madre de dos hijos, ingeniera, MBA, guía Montessori y emprendedora

Parece casi imposible visualizar una Navidad sin hacer la carta a sus Majestades los Reyes Magos o a Santa Claus, sin irse a la cama la noche anterior preparando el agua para los camellos o el tentempié para aquellos que no paran de trabajar durante la noche más mágica del año. Para los más pequeños de la casa es más bien la noche más larga, ya que con tanta emoción les cuesta conciliar el sueño y contenerse bajo las sábanas. Pero, mucho más allá de estas tradiciones tan instauradas, ¿cómo les afecta todo esto en la construcción de su psique?

Video por Patricia Álvarez


¿Cómo funciona la imaginación en los niños?


Para un niño es difícil definir la frontera entre el mundo real y el imaginario, pero mucho más difícil es para los adultos enfrentarnos a nuestras emociones cuando las recientes investigaciones en neurociencia nos dicen que la fantasía no debería presentarse al niño antes de los cinco o seis años si queremos ayudarlo a que construya su desarrollo en las mejores condiciones. En este sentido, la pedagogía Montessori nos explica la importante distinción entre imaginación y fantasía, porque, aunque solemos hablar de ambas cosas indistintamente son dos conceptos diferentes.

  • La imaginación es algo que el niño elabora en su propia mente, cuando por ejemplo coge una piedra del parque y hace que se convierta en un avión al moverla con su mano.
  • La fantasía es algo externo que los adultos trasmitirnos a los niños, como por ejemplo los cuentos de hadas, princesas o duendes, los super héroes, etc. Y, en este cajón de sastre, entran Los Reyes Magos, Papá Noel, el Ratoncito Pérez o el conejito de Pascua.


María Montessori recomendaba fervientemente evitar la exposición a la fantasía en los primeros años de vida, (el primer plano del desarrollo), ya que hasta los 5 o 6 años la mente absorbente del niño está ávida de aprender todo sobre el mundo que le rodea, toto es real y fascinante y en este esquema mental no hay cabida para plantearse que algo de lo que les contamos sea en realidad una gran mentira.


Ellos creen, no imaginan. […] ¿Es entonces la credulidad lo que deseamos desarrollar en nuestros niños? (María Montessori, The Advanced Montessori Method).


La Dra. Dubovoy, una de las figuras más relevantes dentro de la AMI (Association Montessori Internationale), expone las bases científicas de este planteamiento en su excelente artículo "La Realidad: La más Poderosa e Integral Llave al Mundo".


"Mi deseo es que esta disertación genere más investigación en este sentido honrando así el trabajo de María Montessori; ella demostró que el poder creativo de la mente se construye por medio de un trabajo basado en la realidad. Sin la realidad, la mente se dispersa en el universo de las ilusiones, expectativas e ideas falsas, que únicamente logra perpetuar la ignorancia, la superficialidad y las necesidades insatisfechas".


La percepción de la realidad


El cerebro recibe impresiones sensoriales del mundo externo, y tiene que regular esta interpretación con nuestro mundo interno, porque de ello depende la supervivencia. Así, los sentidos le dan al niño evidencia del mundo, pero la tarea de entenderlo le corresponde a su razonamiento, y en los primeros años de vida el pensamiento abstracto está por desarrollar.

Por poner un ejemplo gráfico, si vemos a nuestro hijo asomado a la ventana con una capa de Superman no nos gustaría que pensase que es capaz de volar, ¿verdad? Los niños confían plenamente en que el mundo sea tal y como se lo presentan sus padres, y por eso es importante reflexionar en cada una de las palabras que les trasmitimos.


Tal y como explica Dubovoy, la realidad es lo que percibimos a través de los sentidos, lo que puede reconocer la capa más evolucionada nuestro cerebro, (neocórtex), y la inteligencia se desarrolla únicamente por el análisis crítico de la realidad que se percibe, (nuestro sentido de la vista puedes deslumbrarse con preciosas imágenes fantásticas, pero nuestro razonamiento nos permite disfrutar de ello sin creernos a pies juntillas el mundo que nos muestran).

Esto no significa que debamos desterrar por completo los cuentos de hadas, las fábulas, las historias fantásticas o la ciencia ficción que también nos gusta a los adultos, pero la idea es empezar a introducidas después que el niño haya tenido un buen contacto con la realidad, que generalmente es entre los 5 y 6 años, cuando la corteza cerebral está madura y pueden hacer distinciones entre la realidad y la fantasía.

Una vez que el niño haya podido percibir la realidad, no tendrá problema en establecer las diferencias entre lo real y lo irreal: tendrá la certeza de que las teteras no hablan, las cabezas no pueden dar vueltas y ni los elefantes volar.


¿Bendita inocencia?


Cada vez que la doctora Dubovoy da una conferencia sobre este tema, las caras de desacuerdo y decepción se multiplican en la audiencia. A pesar de ser un público verdaderamente interesado en la educación y en los últimos descubrimientos de la neurociencia, este planteamiento les plantea emociones enfrentadas.

Está claro que muchos adultos tenemos emotivos recuerdos de nuestra propia infancia relacionados con aquellos cuentos que nos contaban nuestros padres o abuelos, así como esas noches navideñas que temíamos levantarnos al baño por si sorprendíamos a una criatura dejando los regalos pudiendo echar a perder toda la magia.

Además, no debemos obviar que toda esta fantasía es una estupenda herramienta para ejercer control, ya que en más de una ocasión sirve para que el niño mantenga su atención en aquello que desea el adulto, o se “porte bien” porque los de arriba le están vigilando…

Sin embargo, este planteamiento no es una novedad, ya que el mismo Platón decía que las historias que escuchan los niños en sus primeros años de vida tienen una profunda influencia en ellos y mostraba su preocupación en contarles historias fantásticas.

El hecho de ser engañado acerca de la veracidad de las cosas y por ende ignorar o estar equivocado y albergar en el alma una falsedad, es algo que nadie podría consentir. (La República, Libro II)


Aunque los recuerdos conscientes pueden retrotraerse lo que sucede después de los tres años de vida, las impresiones inconscientes que el niño recibe desde el nacimiento están arraigadas en su mente para siempre.

Aunque es difícil aislar a nuestros pequeños en una burbuja al margen de la sociedad, Dubovoy relata como cambió su enfoque al darse cuenta de que sus hijos tenían una confianza absoluta en lo que les estaba enseñando, entendiendo que mentirles o contarles cosas que no eran ciertas, era en cierto modo un abuso de confianza.

Los lazos de apego pueden crearse igual de fuertes creando historias basadas en la realidad que ayuden a los niños a entender el mundo que les rodea, sin ir más lejos y por poner un ejemplo, podemos investigar con ellos cómo se celebra la Navidad en las distintas culturas del mundo, conociendo otras tradiciones y sobre todo pasando tiempo de verdad en familia, (soltando nuestros gadgets electrónicos). Por supuesto que podemos hacernos regalos, la decisión de quien los trae es algo interno de cada familia, pero lo que sí debe prevalecer es el respeto y no usarlo nunca a modo de chantaje.

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