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Dopamina: todo sobre la hormona de la felicidad

por Bechra Dominguez Publicado en 9 de noviembre de 2018
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La dopamina es conocida por ser la hormona de la felicidad. También es la responsable de las adicciones… Pero, ¿Qué realmente sabemos de la dopamina? Intentaremos contestar a todas tus preguntas sobre la hormona del placer ¿Qué es la dopamina y cómo actúa en nuestro cuerpo? ¡Toma nota!

La dopamina se define como un neurotransmisor o mensajero químico. Se encarga de enviar las señales del cerebro. Esta molécula pasa la información de una neurona a la siguiente. La dopamina puede producir varios efectos en nuestro cerebro. Aunque se pensaba que esta hormona estaba relacionada con el placer o lo que podríamos llamar “el gustar”, hoy, sabemos que la dopamina está más asociada con el deseo anticipatorio más relacionado con el “querer”.

Se considera a la dopamina el centro del placer, ya que regula la motivación y el deseo. Hace que repitamos conductas que nos proporcionan beneficios o placer. Se libera tanto con estímulos agradables como con desagradables, haciendo que nos aproximemos o conseguir más o que los evitemos si el resultado es poco placentero.

¿Qué funciones tiene la dopamina?

La dopamina tiene muchas funciones diferentes. Es la hormona responsable de las sensaciones agradables, de nuestra motivación y de nuestra curiosidad por ciertas cosas. Pero sobretodo está implicada en:

  • la coordinación del movimiento,
  • la toma de decisiones,
  • la regulación del aprendizaje y
  • la memoria.

Cuando la dopamina es liberada en los centros de recompensa del cerebro, sentimos placer, bienestar y relajación. Esto está presente en las necesidades básicas para la supervivencia como el sexo, la comida, la vida social…

  • Dopamina y memoria

La dopamina nos ayuda a recordar la información. Refuerza las conexiones de las áreas relacionadas con la memoria. De hecho, está demostrado que los aprendizajes con un componente emocional son los que más perduran, y la dopamina juega un rol importante en estos sistemas.

  • La dopamina motiva

Varios estudios ponen de manifiesto la función motivacional de la dopamina. Parece ser que este neurotransmisor no solo nos recompensa cuando hemos llevado a cabo una acción placentera, sino que actúa para que lo repitamos una y otra vez. La dopamina es descargada para lograr algo bueno y evitar algo malo. La falta de dopamina que cursa en muchas enfermedades se refleja en síntomas como la baja motivación.

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Los efectos de la dopamina en nuestra personalidad

Uno de los rasgos de personalidad que más nos define a cada uno es nuestro nivel de introversión o extraversión. La extraversión tiene dos componentes principales: el gusto por la interacción social y la impulsividad. Este rasgo depende mucho de la dopamina. Pues, si eres extravertida, no te falta dopamina.

¿Qué pasa si me falta o me sobra dopamina?

Cuando nos falta dopamina nos podemos sentir angustiados, desmotivados, aburridos o deprimidos. También es posible que lleguemos a sentir anhedonia, que nos resulte complicado experimentar y disfrutar del placer. Algunas enfermedades que se caracterizan por niveles bajos de dopamina son:

  • la depresión,
  • la fobia social,
  • el TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad).

Es por ello por lo que los tratamientos que se suelen usar producen aumentos en los niveles de dopamina en el cerebro, a unas dosis bajas, regulares y controladas, ya que pueden ser adictivos como otros tipos de drogas. Varios estudios han asociado la falta de dopamina con el sobrepeso, de esta forma a las personas con menor concentración de dopamina les haría falta comer más para obtener el mismo “placer”.

Unos niveles altos de dopamina se relacionan con enfermedades mentales como la esquizofrenia y el trastorno bipolar. En estos trastornos, los fármacos usados suelen suelen inhibir la acción de la dopamina, haciendo que se quede menos tiempo en el espacio entre neuronas.

Dopamina y adicciones

La adicción implica el deseo intenso por algo, la voluntad de pérdida de control sobre su uso y la implicación continua en ello, a pesar de las consecuencias adversas. La adicción cambia el cerebro, modificando la forma en la que registra el placer y corrompiendo el funcionamiento normal del aprendizaje y la motivación.

Además de aumentar la producción de dopamina, con las drogas se inhibe de forma artificial su recaptación o eliminación. Sin embargo, no solo las drogas pueden facilitarte una adicción. Muchas conductas que procuren placer producen un aumento en los niveles de dopamina haciéndote proclive a la adicción a esa conducta. Eso puede ocurrir por ejemplo con la adicción al sexo, al juego, las compras, los videojuegos y a la comida basura.

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¿La hormona de la felicidad nos puede llevar a la adicción?

La dopamina tiene mala fama porque está relacionada con las adicciones pero, a pesar de todo la dopamina no puede llevar a nadie a una adicción. Por ejemplo, sería difícil volvernos adictos a la curiosidad. Del mismo modo que cuando sentimos curiosidad por algo, el cerebro libera mucha dopamina. Pero el cuerpo la puede ir eliminándola a un ritmo constante, guardando un equilibrio. También depende mucho de las características de cada persona y en cómo pueda controlar sus impulsos.

La dopamina sirve para mantener la motivación y ayudar el aprendizaje. También nos permite enamoramos, tener emociones y disfrutar cuando vemos una puesta de sol, o cuando vemos ese vestido que tanto queremos. Los pequeños placeres de la vida son mediados por la dopamina ¿y quien quiere renunciar a ellos? La dopamina no es una cosa mala, pero como en todo se necesita un equilibrio. Simplemente no podemos estar todo el rato “a tope” de dopamina, porque eso acabaría generando una adicción. Sin embargo, la dopamina por si sola no causa adicción. Son los comportamientos compulsivos buscando ese pico de dopamina lo que nos lleva a una adicción. Todo es una cuestión de voluntad.

¿Cómo aumentar el nivel de dopamina?

Primero, hay que evitar el estrés. El estrés baja los niveles de dopamina. Se recomienda también respetar las necesidades de sueño, es decir dormir un mínimo de 7 horas diarias, lo ideal serían 8. Si no duermes nada tus niveles de dopamina también aumentarán pero no para hacerte sentir bien, sino más bien al contrario. Otro gran aliado de unos buenos niveles de neurotransmisores es el ejercicio físico moderado regular. La meditación también aumenta los niveles de dopamina.

Fuente: estudio "dopamina para principiantes"

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