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4 mitos sobre las dietas que debes sacarte de la cabeza

por Elvira Sáez Publicado en 27 de marzo de 2019

Es muy probable que hayas escuchado alguno de estos mitos en más de una ocasión. Desde aquí te ayudamos a desterrarlos. ¡Toma nota!

Artículo elaborado por Christy Repetto, nutricionista y terapeuta ayurveda en el Club Bonasport

¿Quién no ha oído alguna vez que debemos hacer cinco comidas al día, ni una más ni una menos? ¿O que, si comemos más de dos huevos a la semana, nos sube el colesterol? Es un hecho: el mundo de la nutrición esta lleno de medias verdades y muchos mitos que nos pueden hacer más mal que bien a la hora intentar de intentar lograr objetivos.

A continuación tienes un listado de los cuatro mitos más establecidos socialmente y que debes sacarte ya de la cabeza si quieres llevar un estilo de vida plenamente saludable.

Mito 1. El peso

La sociedad tiene una manía persecutoria con la báscula y los números, la mayoría de personas acaban convirtiéndose en esclavas de dietas hipocalóricas que solo las llevan a tener un estado de salud cuestionable.

Las personas con sarcopenia son aquellas que, a pesar de estar visualmente delgadas, tienen un alto nivel de grasa. Sus analíticas suelen ser más alarmantes que las de los obesos “visuales” ya que tienen alterados el colesterol y los triglicéridos. Lo que no saben es que puede ser mucho más grave de lo que aparenta.

Tanto los hombres como las mujeres que entrenan y se mantienen activas tienen un peso elevado, aunque no lo aparenten. Su porcentaje de grasa es muy bajo, pero el de masa magra y ósea es elevado. El deporte hace crecer los músculos y los refuerza. Es por esta razón que la medida del IMC está descatalogada.

Es importante llevar una dieta rica en nutrientes, que serán los ladrillos y el hormigón para activar la maquinaria a través del deporte. El resultado es un físico fuerte y resistente que, a medida que disminuye la grasa, aumenta la masa magra.

Además, perder peso sin entrenar y haciendo dietas restrictivas causa una gran fatiga. El peso que se pierde se suele volver a recuperar, algo que se explica a través de la teoría del Set Point, el esfuerzo que hace el cuerpo para recuperar el peso que tenía con anterioridad en forma de grasa.

Hacer actividad física y encontrar el equilibrio a través de la comida es la forma de aumentar el metabolismo basal. Si quieres un cuerpo bonito empieza por hacer sentadillas, combinándolo con una dieta con todos sus nutrientes, no pases hambre.

Mito 2. Las calorías

El cuerpo humano no es un frasco que vamos llenando de calorías, lo que debemos hacer es prestar atención a su procedencia y a la forma de ingerirlas. El coco y el aguacate, por ejemplo, son alimentos calóricos pero que aceleran el gasto energético del cuerpo. Las dietas altas en grasas y bajas en hidratos generan una mayor quema de grasas.

Los carbohidratos complejos son necesarios porque aportan energía sostenida, aunque hay que consumirlos de forma moderada. Los simples, en cambio, son menos eficientes pero inmediatos, aunque el exceso se almacena a modo de “depósito”, generando así el principal problema de la sociedad actual. Ingerimos alimentos procesados y altamente dañinos que saturan nuestro sistema cardiovascular, disminuyen nuestro sistema inmune y aumentan nuestros depósitos de grasa de forma exagerada.

La proteína y la fibra vegetal sacian mucho y permiten acelerar la quema de calorías gracias a la termogénesis de digestión, además, aportan muchos micronutrientes. Las grasas y los azúcares producen comidas más sabrosas y adictivas mientras que las propiedades nutritivas de una buena ensalada, un bol de verduras o un pescado se quedan en el olvido. Es importante también el método de cocción, porque al cuerpo le importa tanto el alimento como la forma de prepararlo, esto puede influir mucho en la digestión y metabolización de la comida.

Mito 3. La pirámide nutricional

La pirámide nutricional es un invento de la industria alimentaria. Si la analizamos vemos que en la base plantea el consumo de cereales, pan, galletas, patata y pasta, mientras que el consumo de grasas y proteínas queda reducido.

Lo que nos están diciendo es que debemos basar la dieta en los carbohidratos. ¿Por qué? Son productos que se pueden producir en grandes cantidades y a bajo coste, mientras que la comida real es cada día más cara. Esto ha disparado los casos de obesidad y diabetes.

Si lo pensamos, hace 30 o 50 años el consumo de grasas era mayor que ahora y entonces no existían tantos casos de diabetes o enfermedades autoinmunes. La sociedad actual vive demasiado acomodada, comemos mucho y mal, nos movemos poco y eso nos hace débiles en muchos aspectos.

Comer mejor está a nuestro alcance, es importante fomentar el consumo y la compra en el pequeño comercio y ser conscientes de que light o fitness no es sinónimo de saludable.

Mito 4. El huevo y el colesterol

Limitar el consumo de huevos es una de las mayores mentiras nutricionales, un falso dogma que ha quedado bien arraigado. Hay estudios que demuestran que un menor consumo de carbohidratos simples y productos industrializados junto a un mayor consumo de grasas no solo es beneficioso, sino que aporta longevidad y salud.

El efecto que el colesterol dietético, ingerido a través de los alimentos, ejerce sobre los niveles de colesterol presente en la sangre en personas sanas es mínimo y depende en gran medida de factores individuales como la genética, el peso corporal o los hábitos.

Los responsables del aumento de los niveles de colesterol en sangre son las grasas hidrogenadas o ácidos grasos trans, es decir, la comida procesada. Es mucho más perjudicial tomar un bol de leche con cereales, un paquete de donuts o un sobre de comida preparada que un huevo, que contiene unos 200mg de colesterol, pero tiene más grasas insaturadas que saturadas y solo 70 calorías. Además, es la fuente de proteína animal con el aminograma más perfecto y completo.

La ingesta de 1, 2 o 3 huevos al día no resulta perjudicial ni aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular. Ayuda a incrementar los niveles de luteína y zaexantina en sangre, es una fuente rica en proteínas de alto valor biológico y es esencial en una dieta sana.

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