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Prolapso uterino: qué es, síntomas y tratamiento

Video por Carla Dominguez Publicado en 8 de mayo de 2019

Esta afección es una gran desconocida entre las mujeres, pero es muy común. Se estima que el 50% de las mujeres posmenopáusicas de todo el mundo han experimentado el prolapso uterino.

por Elvira Sáez

Contenido elaborado por Intimina.

El prolapso genital, más conocido como prolapso uterino, es una patología en la cual estructuras como el útero, el recto, la vejiga, la uretra y el intestino delgado o la vagina pueden comenzar a desplazarse o caer de sus posiciones normales. El suelo pélvico es un conjunto de músculos que cierra la parte inferior del abdomen, formando una especie de hamaca que da sostén a la vejiga, vagina y al recto. La función de esta musculatura es fundamental, pero cuando parte de ella se debilita o daña la vagina y las estructuras circundantes, puede perder parte o todo el soporte que la mantiene en su lugar, provocando lo que se conoce como prolapso de órganos pélvicos (POP).

Tipos de prolapso genital

Desde la Agrupación Española de Ginecología explican que existen diferentes tipos de prolapso genital femenino. Dentro de la englobación de prolapso genital aparece el uterino, pero como verás hay otros tipos que conviene diferenciar.

  • Cistocele: cuando se produce el descenso de la vejiga o parte de ella.
  • Rectocele: cuando se da un descenso del recto sobre la parte posterior vaginal.
  • Prolapso uterino: descenso del útero.
  • Prolapso de la cúpula vaginal: el descenso vaginal puede producirse en mujeres a las que se les ha extirpado el útero.
  • Enterocele: se produce cuando el intestino delgado presiona contra la pared superior de la vagina y la desplaza.

Además, también hay grados de prolapso:

  • Grado de prolapso 1: se trata del más leve, cuando el órgano sufre un pequeño descenso en el interior de la vagina pero no asoma.
  • Grado de prolapso 2: cuando el órgano solo asoma ligeramente en la entrada de la vagina. En este caso el problema es moderado.
  • Grado de prolapso 3: en este caso es más grave, pues el órgano sobresale de la vagina, se ve y se siente.
  • Grado de prolapso 4: el órgano está totalmente fuera.

¿Cuáles son los síntomas del prolapso?

Los signos de sufrir prolapso dependen en gran medida del tipo de prolapso o el estado del suelo pélvico. Es muy común que muchas mujeres no sepan que están sufriendo esta patología. Sin embargo, acudir a un especialista en cuanto se produce el primer síntoma es muy importante para evitar un daño mayor. De hecho, y generalmente, mientras más avanzado esté el prolapso, más severos serán los síntomas.

Estos son algunos indicios de que se está sufriendo esta afección: sensación de pesadez abdominal, de “algo que baja”, de arrastre o descenso; una protuberancia que sobresale de la vagina; menor sensibilidad o dolor durante las relaciones sexuales; infecciones urinarias recurrentes; estreñimiento, sangrado vaginal, lumbago o incontinencia urinaria de esfuerzo.

¿Qué es lo que causa realmente los prolapsos?

Uno de los factores más comunes que puede provocar esta afección es el parto vaginal. Al bajar por la vagina, el bebé puede estirar y desgarrar los tejidos que soportan los órganos y los músculos del suelo pélvico. Los riesgos de sufrir algún prolapso aumentan cuanto más partos vaginales se hayan producido a lo largo de la vida de la mujer.

Por otro lado, la menopausia es un factor de riesgo. Durante el climaterio, la falta de producción de estrógenos por parte de los ovarios puede provocar alteraciones a nivel del suelo pélvico, provocando que las estructuras que sostienen los órganos puedan debilitarse.

Asimismo, otro factor que puede provocar sufrir un prolapso es la histerectomía, o la extirpación total o parcial del útero. Sin el útero, la parte superior de la vagina puede caer gradualmente hacia la abertura vaginal.

Desde Onmeda también hacen mención a otros factores de riesgo en la producción de un prolapso uterino como la diabetes, el estreñimiento crónico o el sobrepeso. Este último es factor de riesgo porque está asociado con la distensión de la musculatura de la pared abdominal. Es decir, la falta de tensión de los músculos de la zona abdominal puede favorecer el prolapso genital.

¿Cómo se pueden tratar los prolapsos?

La mayoría de los prolapsos vaginales empeoran gradualmente con el tiempo y solo se pueden corregir completamente con cirugía. Sin embargo, el tipo de tratamiento depende, en gran medida, de los factores que han provocado el prolapso, su gravedad, la edad de la mujer y el estado de salud en general.

Los prolapsos se pueden tratar con intervención quirúrgica ya que la solución es eficaz y duradera. Esta es la opción más recomendada si el diagnóstico es más grave, como explican desde la Agrupación Ginecológica Española. Sin embargo, existen ciertas rutinas no quirúrgicas para aquellas mujeres que no quieren someterse a cirugía, ya sea porque han experimentado pocos síntomas o bien porque quieren evitar sufrir prolapsos en un futuro.

Existen ciertas rutinas que pueden prevenir esta afección. Por ejemplo, modificar la actividad del día a día, como evitar hacer esfuerzos innecesarios o intentar no levantar objetos pesados, pueden ayudar a la mujer a prevenir esta patología. También seguir una rutina de ejercicios de Kegel pueden ayudar a evitar esta afección, a tratar los casos leves y moderados de prolapso o para complementar tratamientos de prolapsos vaginales más graves.

¿En qué consisten? Se trata de contraer los músculos del suelo pélvico hacia arriba y hacia adentro durante unos segundos para fortalecer y tonificar la musculatura de la pélvis y la pared vaginal. Para ello, existen métodos auxiliares que son de gran ayuda para conseguir los máximos beneficios a corto plazo. Es el caso de la Rutina de Kegel Laselle de Intimina, un pesario formado por esferas de distintos pesos (28gr, 38gr y 48gr) que proporcionan la cantidad justa de resistencia para mejorar la fuerza del suelo pélvico en función del estado del que se parta. Con estos pequeños ejercitadores se asegura que se esté realizando la técnica correcta al tener un estímulo que ayuda a sentir cómo se debe realizar la contracción muscular.

Asimismo, para un entrenamiento más a fondo, el KegelSmart de Intimina es otra buena opción. Se trata de un dispositivo innovador e inteligente que reconoce la fuerza de la musculatura a través de cinco niveles. Este dispositivo selecciona automáticamente el nivel de ejercicio (alto o bajo), basándose en la fuerza de contracción y resistencia en la última sesión de entrenamiento. La naturaleza progresiva de estos niveles asegura que siempre se está ejercitando en el nivel que se adapte a las necesidades de la mujer. De igual forma, cuenta con un programa guiado por vibración que indica cuándo se debe contraer y relajar los músculos.

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